25 de mayo de 2024
Cultura

El pensamiento chino desde la visión de Marcel Granet

  • El escritor francés muestra que la ciencia discursiva nunca preocupó a los chinos, desde que “sus sabios les enseñaron a comprender que el pensamiento es una fuente de liberación” se dedicaron a la meditación

Irma Villa

La civilización china ha asombrado desde que se conformó como tal, incluso hay quienes aseguran que ya tenía un ideario, una lengua y una escritura cuando la occidental apenas se forjaba; sin embargo, para muchos de los que vivimos de este lado del mundo —América—, parece que la cultura china tiene los mismos años de existencia que la región latinoamericana después de la conquista.

Este libro ayuda a comprender y a entender a China

Por ello, asombra que autores de origen francés buscaron adentrarse en el pensamiento chino sin prejuicios. Uno de ellos es el sociólogo Marcel Granet (1884-1940), quien fue testigo de la caída de la dinastía Qing (1911) y el nacimiento de la República de China en 1912, porque por estos años realizaba una estancia en el país asiático. Lo vivido en este periodo lo sumó a sus investigaciones, creando una obra muy completa: El pensamiento chino; publicada por vez primera en 1934, en París.

En 2021 la Editorial de la Universidad Veracruzana (EDUV) también publicó su propia versión de El Pensamiento Chino; la traducción fue hecha por Vicente Clavel. Se conforma por cuatro libros, los que a su vez están divididos en capítulos. Es el número 74 de la colección Biblioteca del Universitario, que impulsó uno de los intelectuales más importantes de México, Sergio Pitol, quien tuvo un vínculo muy cercano a China. Es bueno de principio a fin. Muestra que la ciencia discursiva nunca preocupó a los chinos, desde que “sus sabios les enseñaron a comprender que el pensamiento es una fuente de liberación” se dedicaron a la meditación. El prólogo lo realizó Soledad Jiménez Tovar y es en sí mismo un valioso texto.

Desde el primer libro, La expresión del pensamiento, Granet dejó claro que su objeto de estudio son los tiempos antiguos; es decir, la cotidianidad de los señoríos que unificó Yíng Zhèng en el 221 a.C. y por ello se le conoce como el primer emperador chino, cuyo nombre varió a Qin Shi Huandi.

Sobre La lengua y la escritura: “Se debe admitir que, desde la época feudal, el chino es una lengua de civilización”, escribió el sinólogo. Aquí el autor habla del sistema Fengjian, que es lo más parecido a la “época feudal” desarrollada en Europa.

“La lengua ofrecía pocas comodidades para la expresión abstracta de las ideas. Su fortuna, como lengua de civilización, ha sido, sin embargo, prodigiosa”.

“Los méritos de la escritura china son de un orden muy diferente: práctico y no intelectual. Esta escritura pudo ser utilizada por poblaciones que hablaran dialectos —y hasta idiomas— diferentes, pues el lector leería a su manera lo que el escritor había escrito pensando en palabras del mismo sentido, pero que podía pronunciar de manera completamente diferente”.

Para el segundo libro se enfocó en Las ideas directrices. “Nada en ningún sabio de la antigua China, deja entender que haya experimentado jamás la necesidad de apelar a nociones comparables a nuestras ideas abstractas de número, tiempo, espacio, causa, etc.” Y dedicó tres capítulos para comprender estas categorías, ayudado por el Dao, como categoría suprema,y el yin y el yang, como categorías secundarias. Además de los Números, que para los chinos también son emblemas con los que se puede “expresar las cualidades de ciertas agrupaciones o para indicar una ordenación jerárquica… Los números tienen una función clasificatoria, y ligada a ella, tienen una función protocolaria”.

Hasta este punto se comprende que el pensamiento chino está anclado en un tiempo, que siempre es presente. Se aprende del pasado; se atesora el hoy; están orgullosos de sus instituciones sociales, sus costumbres, su estética, el arte y en general de su visión respecto al mundo.   

Por último, están el Libro Tercero y el Libro Cuarto. El tercero aborda El sistema del mundo; Granet, desde 1934, entendió que a los chinos no les interesa dominar el mundo, porque “los hombres no superan en nobleza a los demás seres más que en la medida en que, poseyendo una categoría en la sociedad, son dignos de colaborar en el mantenimiento del orden social, fundamento y modelo del orden universal…Los chinos no conciben la idea de Ley.” El libro Cuarto se llama Sectas y escuelas. En palabras introductorias al capítulo, el propio autor aseguró que sobre estos temas evitaría abordarlos como dogmas. “Tal vez se llega a una apreciación más equitativa del pensamiento chino cuando se advierte que el crédito de las nociones que le sirven de principios directores descansa, no en la boga de tal o cual enseñanza, sino en la eficiencia largamente experimentada en un sistema de disciplina social”.

A quienes les interesa acercarse a la civilización china, este libro puede ser el mejor comienzo. En sus páginas uno se adentra a una cosmovisión diferente, por ejemplo, la nota sobre la relación entre el cuerpo humano y las cuatro estaciones:

“El cielo realiza su movimiento circular en cuatro estaciones. Tenemos, pues, cuatro miembros —cada uno formado de 3 partes; 3 meses hacen una estación; 12 meses hacen el año, o sea, 360 (días): tal es el número de las articulaciones de nuestro cuerpo. Poseemos, colocados en lo alto, ojos y orejas: ¿no tiene el cielo al sol y a la luna? El viento y la lluvia se recrean en el universo. En nosotros se recrean el aliento (xi) y la sangre”. Esto lo enseñaba el filósofo Huainanzi.

Hay muchas enseñanzas en este volumen. Hay que leerlo: Granet, M.  (2021). El pensamiento chino. Editorial Universidad Veracruzana.