La Palabra y el Hombre: Polonia en el corazón de Xalapa
Irma Villa
La Palabra y el Hombre cerró el último trimestre de 2025 con una edición dedicada íntegramente a Polonia, correspondiente al número 74. En la portada, una evocadora imagen de la autora Danuta Witkowska captura la esencia del invierno: un paisaje donde la nieve cubre el follaje típico de las tierras polacas. En él se camufla, sentado pero erguido, un ser humano cubierto por una mantilla blanca, como una efigie congelada, que forma parte de su exposición Estados de ánimo, la cual puede contemplarse en el dossier de la revista de la Editorial de la Universidad Veracruzana.

Los coordinadores, Anna E. Koriat y Mario Muñoz, estructuraron este número monográfico para ofrecer un amplio panorama de la historia, la cultura y el arte polaco, con el firme propósito de mostrar a los lectores la multiculturalidad del país a lo largo de los siglos.
El recorrido inicia en la sección Estado y Sociedad con colaboraciones fundamentales: La multiculturalidad en Polonia a lo largo de los siglos (Maja Zawierzeniec); La Iglesia en Polonia (Ludmila Furman); ¿“Soldados Malditos” o héroes?; Por los senderos polacos en Veracruz (Iwona Kasperska) y El absurdo, sus facetas y sus sombras (Zdzislaw Wichlacz).
En la sección La Palabra, aportan sus saberes Marcin Wicha con El gorrión y Algo más (Fragmento); Astrid Wojtarowski, Con un sombrero gris colocado sobre el pecho; poemas de Julia Fiedorczuk y una entrevista al editor Zdzislaw Wichlacz realizada por Magdalena Wichlacz. El apartado cierra con la poesía de Barbara Stawicka-Pirecka.
Una de las secciones más icónicas de la revista es, sin duda, la dedicada al Arte. En ella, Elka Fediuk escribe La herencia ineludible del teatro polaco. La investigadora detalla las “particiones” territoriales que ha soportado Polonia, un pueblo que se mantuvo unido gracias a la fe, las luchas de insurrección y las artes. Destaca cómo el teatro, al ser el único lugar donde la lengua polaca resonaba en su esplendor —fuera de la intimidad familiar—, adquirió el valor de un templo para evitar la desaparición de su identidad nacional.
Sobre la estrecha relación entre Xalapa y Polonia, Enrique Salmerón Córdoba relata la incorporación de destacados músicos a la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) y a la Universidad Veracruzana. Desde la primera migración en 1974 hasta 2024, han transcurrido 50 años de un vínculo que convirtió a estos artistas en “xalapeños”. Por su parte, Xavier Bermúdez describe el auge del cartel polaco en los años cincuenta, analizando la «humilde y alegre creatividad silenciosa» de Wiktor Górka y la influencia de figuras como Jerzy Karolak y Henryk Tomaszewski.
En la sección Entre Libros, se comentan la novela Los libros de Jacob (Olga Tokarczuk) y el poemario Y el resplandor y el susurro. Asimismo, se incluyen reseñas de la novela La niña polaca (Mónica Rojas) y de la obra Elogio de la desobediencia (Adam Michnik).
En Miscelánea, Arturo Diez Gutiérrez invita a descubrir Los osos que bailan de Witold Szablowski. Su reseña, directa y transparente, resalta la habilidad del autor para construir diálogos y su compromiso con la justicia social al confrontar discursos discriminatorios.
Finalmente, en A hombros de cine, el crítico Raciel D. Martínez Gómez ofrece una muestra de artistas polacos cuya cinematografía fue plásticamente impecable y éticamente comprometida con la verdad frente a los sistemas represivos. El cine polaco de la posguerra es recordado aquí como un bálsamo y una de las tradiciones más robustas del «Viejo Continente».
