19 de junio de 2024
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La figura del mundo

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Irma Villa

Xalapa, Ver., 10 de septiembre de 2023.- La figura del mundo/El orden secreto de las cosas, el último libro de Juan Villoro no es una hagiografía, una biografía, una crónica de futbol, menos un ensayo literario o una novela, es la idea escrita que tiene un hijo sobre el padre que ya transita por el camino invisible para los vivos.

Con la presencia del escritor colombiano, Hugo Chaparro Valderrama, y Raciel Martínez Gómez, investigador de la Universidad Veracruzana (UV) y crítico de cine, Juan Villoro dio a conocer al público este título, compuesto por nueve capítulos con los que intenta “entenderlo y entenderme en él”; él es su padre, el filósofo Luis Villoro Toranzo, quien el 3 de noviembre de 2022 habría cumplido 100 años.

La reunión se efectuó la tarde del 5 de septiembre, en la sala de videoconferencias de la USBI-Xalapa, convocada por el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación (CECC), para dar la bienvenida a los estudiantes que recién ingresaron a la Maestría en Estudios de la Cultura y la Comunicación, y a la Especialización en Promoción de la Lectura.

Tanto Raciel como Hugo, con una dinámica muy lúdica, fueron interactuando con el escritor y periodista, lo que hizo que nadie se levantara de su lugar, era como estar frente a tres magos cuyos trucos nos tenían hipnotizados.

Raciel dijo que el distanciamiento del que habla Juan con respecto a don Luis permite una reflexión filosófica en torno a esta figura, que lo mismo le daba al niño una lección sobre Kant o el chocolate y después se lo llevaba a Rectoría de Ciudad Universitaria.

El promotor cultural colombiano leyó un correo que le envió a su amigo, expresándole la admiración que siente por él y su escritura, que siempre lo lleva a preguntar ¿cuándo saldrá tu nuevo libro? También, al evocar pasajes personales, compartió la frase “es muy difícil no querer a Juan Villoro”.

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El escritor y periodista Juan Villoro presentó La figura del mundo

En tanto, Juan Villoro manifestó su alegría de encontrarse en Xalapa y agradeció a la UV por haberlo invitado, específicamente a Olivia Jarvio y a Mario Miguel Ojeda; entre los asistentes se encontraban Marco Tulio Aguilera Garramuño (escritor) y el exrector de esta casa de estudios, Raúl Arias Lovillo, a quienes también les dirigió palabras de afecto y reconocimiento.

Después, reconoció que comenzó a tener un trato más cercano con su papá cuando éste y su mamá se divorciaron.

Entre muchas anécdotas narradas, la de las visitas al estadio de los Pumas de la UNAM son muy simbólicas, porque es donde el niño Villoro se aficionó al futbol y más cerca estuvo con su padre.

En la sesión de preguntas realizadas por Raciel, una de ellas tiene que ver con lo que el niño Villoro contestaba en el colegio, cuando sus compañeros le inquirían a qué se dedicaba su papá; había uno que decía que el suyo era piloto, otro que el de él vendía alfombras en una tienda departamental, y así, hasta que le tocaba su turno: “mi papá busca el sentido de la vida”. (Sonrisas y hasta carcajadas en toda la sala).

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Raciel Martínez, Juan Villoro y Hugo Chaparro

Esta respuesta, dijo Juan Villoro, la dedujo de la explicación que le dio su padre sobre su profesión y lo que consideraba era la filosofía.

Para Luis Villoro los filósofos eran Kant, Hume, Hegel, personas que habían hecho todo un sistema de pensamiento y, aunque él tenía una teoría del conocimiento y era un filósofo muy ambicioso, prefería definirse como un “profesor de filosofía”.

El autor de Dios es redondo abordó cómo fue que su papá y Heberto Castillo llegaron a tener una taquería. Antes describió a Heberto Castillo como un extraordinario, que pudo ser millonario si solo se hubiera dedicado exclusivamente a sus fórmulas de resistencia de materiales, creador de la Tridilosa, pero que el veracruzano sacrificó su carrera en aras de un interés superior que era la transformación de México para tratar de construir un país más justo y democrático.

“El impulso de modificar la realidad llegaba a Heberto antes que los planes. Ese entusiasmo lo llevó a fundar un negocio con mi padre. De manera previsible, el punto de partida fue una reflexión sobre el nacionalismo:

–Nada es más nuestro que los tacos– dijo Heberto en forma incontrovertible.” (P.127, La figura del mundo, Juan Villoro)

Lo importante fue que el día de la degustación de tacos de sus amigos exconvictos (veracruzanos), don Juan se quedó callado durante un tiempo. Al verlo así, Heberto le preguntó: ¿Luis qué te pasa? y como si estuviera pensando en la condición ontológica del ser, respondió que los tacos eran magníficos, pero le parecían iconoclastas porque todos eran de guisados. Acentuó: ¡faltan tacos al pastor, al carbón, de queso fundido…! (Las risas resuenan otra vez en la sala).

La voz de Juan Villoro se impone sobre las risas y agrega que Heberto le dijo a su padre: “pero Luis, no seas dogmático, el hombre nuevo necesita otro menú, el apetito revolucionario tiene que ser diferente, la aurora del mañana no puede comer lo mismo siempre, necesita tacos innovadores”.

El tiempo le daría la razón al filósofo, la taquería La Casita no funcionó.

Del complejo ser que fue su padre, hay que destacar que el hombre del siglo XX que más admiró fue Gandhi.

Don Luis explicó a sus hijos que ningún filósofo ha transformado la realidad como lo hizo el hindú, quien asoció la ética con la política y con ello liberó a un subcontinente de uno de los imperios más fuertes de la tierra sin provocar una guerra. Contó que, al llegar a la meta, Gandhi tomó un puñado de sal y lo vertió al aire: “Así estoy sacudiendo los cimientos del imperio británico”.

Y así, el hijo del admirado filósofo fue contando sus vivencias, una tras otra reflejaba la añoranza del padre que murió tranquilo, la figura al que siempre dedicó sus lagartijas -sus libros- en espera de una aprobación y sobre todo de una muestra de cariño.

Una larga fila corrió a la mesa para que el querido autor le brindara una firma.