6 de julio de 2026
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La IA: una aliada de la edición, nunca el sustituto del criterio humano

  • El pasado 24 de junio, la revista La ciencia de la UV realizó el conversatoriovirtual “El uso de la IA en revistas de divulgación científica”.

Jorge Vázquez Pacheco

En el conversatorio virtual “El uso de la IA en revistas de divulgación científica”, organizado por la revista La Ciencia de la UV, los participantes coincidieron en que el uso de la IA en los textos de divulgación debe consolidarse como una herramienta de apoyo para automatizar tareas administrativas o enriquecer contextos, mas no para sustituir la autoría humana ni el aprendizaje crítico.

El miércoles 24 de junio, vía zoom, Efrén Mezura Montes, del Instituto de Investigaciones en Inteligencia Artificial; Alberto Ramírez Martinell, del Centro de Investigación e Innovación en Educación Superior, ambos de la UV, y Luis Javier Plata Rosas, de la Universidad de Guadalajara, hablaron del uso ético de la inteligencia artificial (IA) generativa en el ámbito académico y profesional; mencionaron la falta de herramientas para detectar IA y comentaron la necesidad de una formación digital humana que priorice la ética sobre el exceso tecnológico.

El investigador del Centro de Investigación e Innovación en Educación Superior, puntualizó: “La escritura académica es parte importante de la formación universitaria. Es, en acto, una forma de plasmar el carácter disciplinario del desarrollo profesional. Sirve para que las y los profesionistas aprendan sobre cuestiones disciplinarias en torno a las tradiciones, formas de ser y de actuar en la disciplina de adscripción; la estructura y formatos comunes de los documentos generados en una disciplina académica específica; el léxico disciplinario, uso de tecnicismos y jerga del campo; el contexto institucional, local, estatal, nacional y global; las teorías, argumentos, nociones, conceptos y siglas de uso común; y el manejo de referencias propias de una escuela del pensamiento.”

Al abordar el empleo práctico, aconsejaron no utilizar estas tecnologías para crear contenidos desde cero. En cambio, destacaron su utilidad en la gestión de formatos que no requieren originalidad –como adaptar un plan de estudios a diferentes plantillas institucionales o redactar correspondencia formal–, así como su valor como apoyo metodológico para reinterpretar párrafos complejos, estructurar esquemas o superar el bloqueo creativo.

Sin embargo, este despliegue técnico choca con la falta de herramientas confiables para la detección de textos automatizados. Los especialistas advirtieron que los softwares antiplagio tradicionales, como Turnitin o iThenticate son excelentes para identificar copias textuales, pero generan un alto índice de falsos positivos al evaluar IA. Por ello, grandes consorcios editoriales internacionales apelan al sentido común y al ojo clínico de equipos humanos, mientras que diversas instituciones educativas ya prohíben reprobar a estudiantes basándose únicamente en dictámenes de estos detectores.

Ante este panorama, México ha comenzado a trazar rutas normativas. En enero de 2026 se presentó la iniciativa de regulación denominada Principios de Chapultepec, una declaración de buenas prácticas nacida de un ejercicio nacional en el que participaron 1.5 millones de estudiantes y profesores. En el plano local, se destacó el Manifiesto de la Universidad Veracruzana sobre el uso de IA generativa en áreas académicas, administrativas y de desarrollo, un documento de acceso público disponible en su portal institucional.

Hacia el cierre del diálogo, los participantes defendieron que la divulgación científica es, en el fondo, una rama de la literatura. Escribir con la intención de comunicar emociones, motivaciones y experiencias es un proceso complejo que desborda la lógica sintáctica de una máquina y requiere de un criterio narrativo genuinamente humano.

Esta preocupación ética se extiende al diseño y las artes, donde el dilema central no es la tecnología misma, sino el riesgo económico de desplazar a profesionales humanos como ilustradores, músicos o escritores. A este impacto social se suma la huella ecológica: el entrenamiento y enfriamiento de los servidores de IA exige un enorme poder de cómputo. El conversatorio concluyó con un llamado a la conciencia operativa, recordando que cada interacción con una IA consume, aproximadamente, la energía equivalente a realizar diez búsquedas en el motor de navegación tradicional.